miércoles, 17 de septiembre de 2008

La barca de Arganda

(Croquis sobre la ubicación, en 1723, de una barca en Ciempozuelos. Imagen digitalizada del Archivo de la Real Chancillería de Valladolid)

La imagen del puente de hierro de la antigua carretera de Valencia alcanza casi la categoría de símbolo, y así se ha recogido en variadas representaciones gráficas del cine o la fotografía. Quizás ello nos lleve a creer que en ese lugar siempre existió un puente, que comunicaba Madrid con la zona de Valencia. La realidad es que el paso del río, hasta bien entrado el siglo XIX, se hacía mediante una barca de madera, que aparece en los documentos como “la barca de Arganda”.

La primera referencia que he encontrado de ella es en un documento de principios del siglo XVI. Así, en 1502, hay una orden del Consejo Real a Diego de Cortinas y Mayor de Vargas para que pusieran a disposición de los vecinos la barca que tienen para pasar el río Jarama. (Archivo de Simancas, Hojas Sueltas de Procesos, -CRC, 764, 7).
El 18 de abril de 1576, en las Relaciones Topográficas de Felipe II, en su capítulo 22, los vecinos Mateo Martínez, Pedro de Mejorada, Pedro de Blas y Francisco Fernández, dicen "haber de una barca (...) que está en el paso que va de la villa de Madrid al reino de Valencia y ciudad de Cuenca y la Mancha, el puerto está a la parte de este lugar en el término de él (se refiere a Arganda del Rey), y de la otra parte (en la otra orilla) está en dehesa de doña Luisa de la Cerda, señora de Paracuellos, el aprovechamiento de esta barca es del dicho concejo, vale un año con otro de renta, cincuenta mil maravedíes"

Transcurrió el siglo, y Madrid se convirtió en capital de la monarquía hispánica, y Felipe II creó los Reales Sitios, y se construyó la Puente de Segovia, y el de Aranjuez,… pero para llegar desde Levante hasta la Corte hubo que seguir pasando el Jarama en una barca de madera. Y del peligro que esto suponía no se libraba nadie: sabemos, por Las Relaciones sucedidas en la Corte de España, de Luis Cabrera y Córdoba, que en cierta ocasión, el rey Felipe III estuvo a punto de morir ahogado en dicho transporte. La suerte quiso que, al ver la barca “cargada con muchas acémilas cargadas y gentes que pasaba”, prefiriera esperar aquella barcada primera. Pero ésta se hundió, ahogándose personas y animales. Fue tal el susto y la precaución del monarca, que éste prefirió regresar a Vaciamadrid esa noche, y dar un rodeo por Aranjuez para pasar a Levante. Este mismo hecho se recoge también en un manuscrito de la Biblioteca Nacional, en el que aparece también la figura del Duque de Lerma.

Porque ésta era la solución que había cuando el Jarama iba muy crecido: bajar hasta Aranjuez para poder pasar hasta Arganda. Así lo relata Antonio Ponz, en su Viage de España, que propone la construcción de un puente para aliviar las fatigas de los viajeros. Y hablamos de 1772, en pleno proceso reformista de la Ilustración. De esta época, según nos informa Agustín Sánchez Millán, sabemos que en 1753 se cobraba, por el paso de cada acémila, 32 reales, por persona 8 y por carruaje de cuatro ruedas y dos mulas, 13.

Porque en el embarcadero, el rey puso un peaje que reportaba importantes ingresos a la Corona. Dicho peaje funcionó entre el XVI y el XIX, y su estudio ha permitido al hispanista David Ringrose estudiar el crecimiento económico de Madrid y su entorno. Este libro, en inglés, (Madrid and the Spanish Economy, 1560-1850) puede leerse en línea.

En fin, el paso del río se completará con barcas en Titulcia, o en Mejorada, pero habrá que esperar a la construcción de un primer puente, en 1819. Aunque este se hundió, y entre 1831 y 1845 hubo que volver a la humilde barcaza para asegurar la comunicación de la corte real con Levante. Así, en diciembre de 1840, gracias a las noticias de la Gazeta de Madrid, tenemos noticia del arriendo de la explotación de la barca en algo más de cuarenta mil reales.